Hotel Vincci Gala, un hotel que provoca en Barcelona

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Cuando participé en el concurso en el que Vincci Hoteles invitaba a proponer nombres para un nuevo hotel en Barcelona no me imaginé que podría ganar. No tengo mucha suerte para los concursos. Aún así me animé, porque me encanta Barcelona y las ideas se agolparon en mi cabeza. Pensé en esa preciosa ciudad, mi predilecta, en el aire artístico y bohemio que se respira en cada esquina, pensé en Dalí y en ¡Gala! su musa. Un nombre corto, atractivo, que denota elegancia y personalidad.

Escribí mi propuesta, argumentándola así: "Vincci Gala, en honor a la musa de Dalí, femenina, refinada, evocadora, inspiradora".

Como siempre me pasa cuando propongo algo que me gusta mucho, pasé varios días pensando en cómo sería un hotel llamado "Gala". Me imaginaba un hotel temático, lleno de imágenes de Gala, Dali y de su arte. Me imaginé formando parte de un proyecto de diseño así de ambicioso.
Para mi sorpresa, mi propuesta fue la escogida para este hotel de cuatro estrellas, situado en Ronda de Sant Pere, 32, en pleno centro de la ciudad condal, muy cerca de la Plaza de Cataluña, Las Ramblas y de zonas comerciales y culturales. A pocos metros se encuentra la estación de metro de Urquinaona.

El Vincci Gala, según su sitio web, se encuentra en "un edificio señorial del año 1900, del que se han mantenido la escalera central, la fachada principal y los suelos hidráulicos, por ser elementos protegidos por Patrimonio".

No hace falta entrar para deleitarse con el sobrio contraste de estilos: detrás de los cristales de una puerta deslizante, las antiguas baldosas hidráulicas de la pared conviven en armonía con una enorme lámpara de diseño geométrico.


La sensación de amplitud en la recepción es indiscutible. La imponente escalera domina la estancia. Es inevitable mirar hacia arriba y deleitarse con el enorme techo de cristal que inunda el espacio de luz natural. El dorado destaca, sin embargo, no resulta ostentoso. Es una estancia abierta, agradable y sorprendente. Supongo que acostumbrados a ir y venir de agotados huéspedes, han dispuesto una mesa con vasos y agua mineral fresca. Es un placer poder servirme un vaso de agua en ese lugar, estos pequeños detalles son los que marcan la diferencia. La atención del personal es amable y diligente.
 


 
Las paredes blancas contrastan con grandes planos de color marrón intenso. Me ha gustado mucho el detalle de la moqueta, que simula la sombra de las puertas de las habitaciones.

La escalera es impresionante desde cualquier ángulo. Se ve que el suelo es el original. Mi visita coincide con Sant Jordi, es por ello que sobre un mesón han colocado una selección de libros.


Me llamó mucho la atención el óvalo iluminado en el techo de la habitación. Luego me dí cuenta de que tiene la misma forma que los óvalos que se ven en los pasillos y me encantó. Cuando diseño piezas relacionadas entre sí me gusta crear un lazo visual, más allá de lo obvio que puede ser un logotipo. Creo que es un recurso que enlaza la comunicación de una manera inconsciente y acentúa la personalidad de una marca en un espacio.


La habitación, como es de esperarse, tiene un cuidado diseño interior. Sigue la misma línea de los espacios comunes, es amplia y confortable. Lo que más me gustó es que invita a permanecer allí para disfrutar de sus comodidades, no sólo dormir.

La iluminación del cabecero es similar a la del techo. La cama y las almohadas son muy cómodas. Dos sillas y una mesita con forma ovalada junto a la ventana forman un sitio ideal para contemplar la amplitud de la Ronda de Sant Pere, flanqueada por altos árboles.

Toda la información acerca del Vincci Gala está recogida en un completo catálogo, en cada una de las habitaciones.

Si decidimos llegar al desayunador por las escaleras, lo que encontramos no puede más que sorprendernos. Al final de una llamativa pared amarilla, Dali nos mira con ojos inquisidores sobre un fondo rojo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque pueda pensarse que al estar en Barcelona está de más utilizar fotos de su entorno urbano, en varias paredes del hotel se muestran grandes imágenes de la ciudad condal. No hay que olvidar que cada hotel es embajador de la ciudad en la que se encuentra. Es importante invitar a los huéspedes a recorrer los lugares emblemáticos que le rodean.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al fondo del comedor, un gran mapa del centro de la ciudad. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El desayuno buffet apetece de verdad. Varios zumos de frutas naturales, diferentes clases de pan, quesos y embutidos, bollería, frutas, tortilla y revuelto de huevo ¡incluso arroz! Con tanta variedad hay para todos los gustos. Imposible no repetir, más en mi caso, que soy una enamorada de los desayunos. Me sorprendieron gratamente esos bollitos de pan, con un ligero toque dulce.
 

Desde el comedor se accede a una pequeña terraza, para los que deseen desayunar al aire libre y disfrutar del buen tiempo de Barcelona. Incluso el mobiliario de exterior sigue las formas curvas presentes en todo el diseño interior del hotel Vincci Gala.

Soy de la opinión de que una marca que desea crear fuertes vínculos con sus clientes, debe despertar emociones en ellos. Más en el caso de un hotel que, durante nuestra estadía, pasa a ser como un hogar transitorio. Por eso me gustó la frase que llevaba el personal del comedor en la espalda de su camiseta "Come, bebe, Vincci". El placer asociado a los sentidos en un lugar único.

Es de destacar la amable atención estos chicos, siempre dispuestos a atender a los comensales con una sonrisa y a detener su frenético ritmo para posar ante mi cámara ¡o de espaldas a ella en este caso!.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es un gusto conseguir pequeños rincones donde sentarse un rato a disfrutar de cada detalle, esperar a un acompañante, leer o hacer una llamada. Y es que, como os comenté antes, este es un hotel para disfrutar, no sólo para pernoctar en él.


Los pasillos situados a ambos lados de la gran escalera de la recepción nos conducen a un espacio muy especial, el Snack Bar. En sus costados, pequeños nichos esconden cómodas butacas que cobran vida gracias a originales y alegres cojines.
 

Un bar, una biblioteca, muchos sitios donde sentarse, cojines multicolores y, al fondo, una amplia terraza, con el mismo estilo de la que hemos visto junto al desayunador,  que baña este espacio con una agradable luz natural.

La amplia estantería contiene libros de temática variada, entre los que no puede faltar uno de Dalí. Originales figuras de animales atraen mis miradas. Se nota que cada objeto está seleccionado con mimo y espíritu preciosista en el que no falta ningún detalle. 

Para terminar este recorrido quiero agradecer al Vincci Gala por dejarnos, en este fin de semana, una rosa de Sant Jordi en cada habitación. Mi ilusión fue tremenda cuando entré, agotada por el intenso recorrido, y la vi delicadamente colocada sobre la cama. El cartel de este día, precioso, como no podía ser menos.


Y es que ya lo decía Salvador Dalí, "el que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos". Y lo que provoca el Hotel Vincci Gala de Barcelona es emoción, admiración y muchas ganas de volver. 

 

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